TIMOLOGIA, CONCIENCIA E INTELIGENCIA

 

Romeo Lucioni

 

Las neurociencias han cambiado el aproche a los aspectos psico-neuro-biológicos a la cuestión de la relación, todavía misteriosa, entre mente y cerebro. 

Hasta hace pocos años, esta interacción fue referida a la inteligencia más que a las otras funciones cerebrales superiores, inclusas comúnmente en la generalización emotiva conexa más estrechamente al funcionamiento biológico. También Freud preconizó esta unión, previendo una interacción entre el YO y las funciones automáticas, instintivas y libidicas del Es. 

Más recientemente se ha empezado a hablar de emociones, pero también de sentimientos y Antonio Damasio introduce su último libro (2003) con las siguientes palabras: los sentimientos son el fundamento de nuestra mente. Además, cuando afirma que la emoción también tiene un papel fundamental en la elaboración del pensamiento racional, se acerca a un pensador del renacimiento, León Ebreo,  que creyó que el conocimiento deriva del amor. 

Esta declaración parecería suficiente a poner un punto firme, a aclarar la naturaleza, los mecanismos funcionales, el sentido de estas modulaciones psico-mentales que llamaremos sentimientos. En realidad estamos bien lejos de una visión unívoca y también Antonio Damasio no nos ayuda, definiendo los sentimientos como sensaciones positivas de bienestar y optimismo. 

Parece que la controversia milenaria sobre la union entre cerebro y mente se haya polarizado sobre la cuestión de los sentimientos, tema sobre que biologistas y espiritualistas se estrellan, también porque, sobre el plan científico, no se ha podido todavía referir los sentimientos a particulares estructuras cerebrales. 

Las dificultades nacen de la poca claridad sobre las dinámicas por las que el cerebro crea la mente y, sobre todo, los confines con la ciencia tanto que algunos investigadores declaran que sentimientos y conciencia se sitúan más allá de estos confines. 

 

Muchos datos han sido conseguidos estudiando los casos de pacientes que han padecido lesiones permanentes de los lóbulos cerebrales ya que acontecimientos mentales específicos, a veces, pueden ser referidos a específicos circuitos cerebrales. 

Los sentimientos ya vienen separados de las emociones, pero, para comprender la confusión que existe todavía sobre el tema, basta con recordar como Antonio Damasio reconozca emociones que tienen un correspondiente entre los sentimientos; o bien un cierto grado de gemelaridad entre las dos funciones que justifica la pregunta si hayan nacido primero las emociones o los sentimientos. 

 

Esta forma de concebir los sentimientos no es disímil del previsto por las emociones: serían dos sistemas en parte independientes que, reaccionando a los estímulos, interiores y/o externos, tienden a restablecer el equilibrio. Cuando A. Damasio dice que los sentimientos son expresión de una lucha por el equilibrio nos demuestra como su visión del funcionamiento psico-neuro-biológico sea atado a una concepción arcaica de equilibrio-disequilibrio en el que prevalece una dimensión tizioristica que pre-juzga y pre-establece el bien y el mal tal como lo bonito y lo feo, lo justo y el injusto. 

El pre-juicio por el que el equilibrio sea mejor o superior al dis-equilibrio es típico de un período iluminista que, sobre la base de conceptualizaciones racionalistas, pudo pre-establecer lo que serìa mejor para el hombre o, hasta, por el género humano. 

La timologìa se ofrece como medio de estudio para entender el comportamiento humano y los modelos funcionales del cerebro y de la psique y es parte de las ciencias humanas y las neurociencias que estudian el cerebro y su complejo funcionamiento neuro-químico y neuro-fisologico pero sin descuidar los mecanismos psíquicos y psicodinámicos, las estructuras perceptivas y sensoriales, los mecanismos mentales, las dinámicas relacionales, las complejidades sociales, culturales y étnicas. 

 

Justo por su propensión neurocientifica la Timologìa tiene en cuenta consideraciones particulares, pero importantes. 

 

A. Estructuración de la función psico-mental,  

qué significa armonizar las respuestas emotivas con la elaboración afectivo-valorativa para poder alcanzar aquella organización que llamamos raciocinio, capacidades intelectivas, deductivas, creativas e interpretativas. 

 

B. Aunque las emociones han sido definidas la gasolina de la mente, sólo una armonización de estas energías puede conducir a un buen funcionamiento en el ámbito social y éste por la estructuración de un andamio hecho de valores, de cariños y de respeto por el si-mismo y por los otros. 

 

C. La corteza frontal y la prefrontal, que componen el 60% de todo el mantel cerebral, representan la estructura característica del hombre, responsable de la organización afectiva que comprende: 

- sentido de si y de existir;  

- de estar en el mundo; 

- sentido de persistencia en el espacio y en el tiempo como individualidad; 

- sentido de existir como persona capaz de pensar; 

- de comprender el pensamiento de los otros; 

- de comunicar. 

 

La integración emotivo-afectiva, que no se completa antes de los 18-24 meses, se pone fundamental por el desarrollo integrado de las funciones psico-mentales de base constituido de: 

- apercepciones; 

- atención; 

- memoria; 

- voluntad; 

- autocoscienza y conciencia. 

 

Hablar de humanización significa referirnos a un funcionamiento psíquico y mental integrado y coordinado, de modo que permitir un crecimiento armónico en el respeto de las necesidades personales, pero también en el reconocimiento del valor del otro y las iguales oportunidades. 

 

La Timologia, que es ciencia de los afectos o ciencia de los valores:  

la palabra valor tiene en si implícito el sentido de eso de que se quiere hablar y, en este hablar, se traduce también una dimensión social y relacional : para hablar hace falta tener alguien con quien establecer un diálogo. 

En otro aspecto, encontramos en el valor un algo que nos acerca a la certeza y, por lo tanto, a la verdad, y por esto siempre es algo de personal: si hablamos de valores nos referimos a nuestras verdad-certezas. 

Inevitablemente, entre los valores nos encontramos en un mundo personal, nos describimos, justo porque nos encontramos a deber considerar nuestra historia, de ayer y de hoy, y nuestras perspectivas, cosa seremos mañana, teniendo en cuenta de qué hemos vivido en la infancia y en las otras etapas de la vida, en el ámbito del desarrollo cognitivo-intelectivo, en la sexualidad, en las relaciones, en proponernos frente a nosotros mismos y al mundo. 

Con estas consideraciones nos encontramos a deber esclarecer una cuestión fundamental que concierne sea nuestra naturaleza, que, en un más amplio espectro, la naturaleza humana; tenemos que distinguir es decir entre descripciones y prescripciones, valorar pues lo que somos o bien lo que estamos tenidos en trasformarnos. 

El naturalismo de Darwin y Freud dà un justo sentido a este deber, promoviendolo como historia, también como transformarse, pero, sobre todo, sacándolo de las ataduras ético-morales que tienden a estructurarse como ideales que, como característica cultural, ya desde los tiempos clásicos griegos, obligan a una verdad no más personal y descriptiva, sino general y prescriptible. 

Romper estas uniones ha querido significar también poner en tela de juicio la esperanza que aquellos ideales ofrecieron y alimentaron, abriendo el camino hacia un presupuesto implícito, bien descrito de Adam Philips,... que la nueva descripción de la naturaleza sólo pudiera cambiar mejor a las personas qué, desvinculándonos del concepto de redención o de la ilusión de alcanzar la felicidad perfecta o el conocimiento absoluto, dedicándonos principalmente a las historias personales (que ya son epopeyas) habríamos podido ser más felices en este mundo, antes que en otro. 



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