CARTAS Y ABUSO

 

Romeo Lucioni

 

La carta (Email) anónima llena de insultos recibida por Jorge (psiquiatra, director de un eLista) ha suscitado un alud de comentarios comúnmente de tipo consolatorio para el psiquiatra y de condena para el remitente que se ha escondido en el obscuro rincón de una máquina.

Uno de los últimos Email que le ha sido mandada a Jorge habla pero de… un sentido de angustia y este me empuja a enviar algunas consideraciónes.

 

¿Quién se esconde tras el anonimato? 

Si fuéramos a los tiempos de los Papa-Reyes podríamos recordar Pasquino que escribió, en las noches, sobre los muros de Roma para evitar ser descubierto y puesto en las manos del verdugo. Estamos pero en una época en que, gracias a la democracia, la libertad de expresión es hasta demasiado amplia. Así el miedo no justifica un acto de cobardía y de claro sentido psicopatológico. 

Quien lanza la piedra y esconde la mano, de estos tiempos, es indudablemente un sujeto desprevenido sobre el plan psico-afectivo y débil en aquel cognitivo. 

Su estructura psíquica es dominada por sentidos de omnipotencia que pueden ser respaldados de infantilismo psíquico o de elementos sádico-anales. 

Propiendo por esta segunda hipótesis porque el uso de medios modernos como el correo electrónico solicita un mínimo de capacidad y familiaridad con los softwares.

La propensión sádica es evidente pero la anal, obsesivo-compulsiva, solicita una mayor atención. Este modelo de personalidad se basa en dos parámetros:

Estas consideraciones nos llevan a releer el Email que habla de angustia. De frente a un sujeto sádico-anal (obsesivo-compulsico) que todo destruye o llena de excrementos (aquí està el por qué de las palabras enviadas a Jorge: negro de mierda) los otros viven sentimientos de miedo y angustia cuando perciben la imposibilidad de contener o de cambiar al agresor sádico.

Creo que frente a estas experiencias no hace falta dejarse tomar del miedo; hay que vivir la certeza que el psicópata debe ser controlado, limitado, excluido, para ayudarlo a empezar a entender el justo estado psicopatológico de omnipotencia delirante, porque pueda, por otro lado, empezar una psicoterapia que lo libere de los sentidos de indignidad, de incapacidad y de inadecuación.

Con un gran abrazo para Jorge y un fuerte saludo por todos

Romeo