PARA ENTENDER

 

Silvio Locatelli

 

     Gargantua le escribe así al hijo Pantagruel en el capítulo octavo del segundo libro de la obra maestra de François Rabelais: "No pues sin justa y honorable causa, yo devuelvo gracias a Dios, mi salvador, de haberme facultado de contemplar mi canosa vejez floreciente en tu gioventù …porque, cuando por su buena voluntad que todo fortifica y gobierna, mi alma dejará esta humana morada, no me parecerá de morir completamente, sino de pasar de una sede en otra, del momento que por tu medio, todavía quedará mi imagen visible en este mundo, viviendo, viendo y frecuentando a todas las personas honradas y los queridos amigos, como ya solía hacer yo mismo. La cuál mi frecuentación ha sido, merced la ayuda de la gracia divina, no sin pecado, lo confieso (porque todo pecamos y siempre recurrimos a Dios porque borre nuestros pecados) pero sin remordimientos.

     Y pero tal como en ti persiste la imagen de mi físico, si del mismo modo no relucieran las calidades del ánimo, no pudieras ser juzgado guarda y tesoro de la inmortalidad de nuestro nombre; y el placer que yo tomo de tu vista sería bien pequeño, cuando yo tuviera que pensar que sobreviviera en ti la parte menos importante de mí, que es el cuerpo, mientras la parte mejor, que es el alma, por la que puede nuestro nombre restar bendito entre los hombres, apareciera degenerada y bastardeada. Ni esto yo digo porque desconfie de tu virtud, de que ya he tenido hasta ahora buenas pruebas, pero para animarte a mejorarte y perfeccionarte sempre màs. Y si yo al presente te escribo esto, no es para empujarte a vivir según virtud, sino porque tú puedas alegrarte de vivir y de haber vivido de este modo, y te refrescas en tal disposición de ánimo por el futuro".

     Carta famosa, traducida espléndidamente por mi maestro Mario Bonfantini por Einaudi. Carta que exalta la paternidad y en igual medida la descendencia, de leerse sin embargo con la debida atención, volviendo a valorar el credo de Rabelais y de su tiempo.

     ¿Cree en Dios, Rabelais? Se puede discutir. Cree en la inmortalidad del alma? Se puede discutir.

     No hay queolvidarse que por algunos Rabelais manifestó su simpatía por la Reforma y sobre todo que en otro lugar habla del alma como de algo que pertenece al sueño y que cuando el alma se separa del cuerpo no se sabe si vaya en cielo.

     No hay que olvidarse sobre todo de lo que tuvo que padecer el amigo Etienne Dolet, justo por cuánto atañe a tal argumento. Lo erudito e impresor Etienne Dolet (con el que Rabelais también tuvo alguna disidencia a propósito de una reimpresión de la primera edición de su" Gargantua y a Pantagruel", que el autor purgó en parte para huir de los cóleras del Sorbona y de la Iglesia) fue arrastrado en juicio y encarcelado para haber imprimido libros de Calvino y de otros autores simpatizante por las ideas de los Reformados.  Dolet fue salvado una primera vez por la intervención de Margherita de Navarra (hermana del soberano Francesco I) también ella, hasta cierto momento, vecina a los Riformados; sucesivamente fue acusado de herejía para haber traducido una frase de Sócrates con estas palabras: “Después de la muerte no serás más que completamente nada”, mientras el texto griego dijo solamente “después de la muerte no serás más". Considerado un materialista impenitente e imputado de poseer libros en hebreo y en griego (crimen grave por la Iglesia de entonces), Dolet fue condenado a la ahorcadura y luego a la hoguera. Margherita de Navarra, hecha más prudente, considerando que el hermano poco antes habìa persiguido a los Reformados, ya no pudo ayudarlo. Era el año 1546, cuando ya desde dieciséis años habìa nacido el Collège de France, dónde hebraico, latin y griego se convierten en materias de enseñanza.

     Nuestro autor, médico, pensador y monje, no hay que olvidarlo, entiende muy probablemente la inmortalidad como continuidad en la descendencia como continuidad en el pensamiento, en la elección de vida y en el amor y el respeto del padre para el hijo y del hijo para el padre.

     Rabelais no ha estado nunca completamente claro a propósito de la inmortalidad del alma. El hombre es hecho de cuerpo y de alma, pero la muerte es la rotura de esta unión. No nos hallamos frente a un fenómeno natural, sino a una operación de Dios: una repartición. Rabelais tiene fe en Dios creador, poco en el Providencia (de aquí la atribución de deísmo, de parte de algunos, a su credo). Un poco preocupante para un benedictino cuál se volvió después de haber abandonado el orden de los franciscanos (que gozaban de la fama de no querer la cultura, mientras que los benedictinos la prefirieron) pero "el orden", se supone, no tiene que haber faltado de hacerle de escudo cuando la facultad de teología de la Sorbona consideró Gargantua una obra perniciosa y Pantagruel un texto lleno de obscenidad. Incluso sin embargo los cinco libros que constituyen el corpus de Gargantua y Pantagruel, son beaulx livres de haulte gresse, como dirá el mismo autor. Libros de entender a muchos niveles: para reír (y risa es justo del hombre), para pensar, para reflexionar, para entender, para interrogarse. Sin embargo, para entenderlos a fondo, hace falta tener, lo dirá el mismo, la paciencia del perro, que está horas y horas, sin cansarse, sin desistir, a carcomer el hueso, porque sabe que por fin, la paciencia será premiada, al momento en que encontrará la médula, gustosa y sustanciosa.

     ¿Siglo dichoso aquel de Rabelais en el que nuestro autor pudo contar con mucha seguridad con la continuidad que el hijo le habría asegurado?  Un hijo educado por preceptores más que por los padres. No hace falta olvidar que la figura de la madre está completamente ausente en la infancia sea de Pantagruel sea de la del padre Gargantua.  Badebec después de haber engendrado Pantagruel muere y Gargantua la llora y en igual tiempo se alegra por el nacimiento del hijo. En tanto que Gargamella, la madre de Gargantua, agota su tarea en el confiar el hijo a las nodrizas.

     El hombre que más estará cerca de Pantagruel, su Mentor, el famoso Panurgo, no cuenta con todas las virtudes que el buen Gargantua quiete, cultiva e invoca. Gargantua es el sabio por antonomasia, el que encarna un alto ideal de majestad renacentista: fuerte, atrevido, sabio, generoso, justo: él somete cada su acto a la reflexión. Pantagruel no hereda todas estas virtudes y va flaqueándose en sus prerrogativas. Panurgo es el hombre que se entrega a todo con tal de ganar su partido: astucia, engaño, maldad, venganza, son los vestidos que a mano a mano se pone. Su ánimo acoge todo. La pregunta que se pone es la siguiente: tenemos que vivir como los gigantes: sabios, generosos, justos y altruistas que Rabelais nos propone, que tienen sed de saber y están listos a actuar. ¿o tenemos que elegir el camino recorrido por Panurgo, eligiendo provecho, amor de si y desdén de los otros?

     ¿Es imaginable que a los tiempos de Rabelais no existiera un choque generacional?

     El diálogo entre padre e hijo desde siempre ha aparecido difícil y aunque el mundo clásico haya con insistencia exaltado las virtudes de los hijos engendrados por padres nobles (admirable descendencia!), la realidad no falta de sugerirnos que el diálogo generacional siempre ha sido lleno de dificultades y de incomprensiones. ¿Cuál las causas?

     Pegamos un salto de algún siglo y escuchamos a otro escritor: Antoine de Saint-Exupéry, piloto de guerra, derrocado con su avión de reconocimiento a la víspera del fin de la segunda guerra mundial. También él (sobre todo por su obra maestra: "El pequeño príncipe") celebrado como escritor para chicos, tal como viene indicada la obra de Rabelais. Así Saint-Exupéry habla, en sus "Carnets", del choque generacional: "Para entender al mundo de hoy, usamos un lenguaje que se ha definido en el mundo de ayer. La vida del pasado nos parece adegurse mejor a nuestra naturaleza por la sola razón que responde mejor a nuestro lenguaje. Cada progreso nos ha empujado un poco más lejos de las costumbres que apenas adquirimos, y nos sentimos como emigrantes que no han encontrado todavía su patria."

     Hay que reflexionar, porque esto es caracterìstica del hombre, y es el unico modo para entender. A veces se aprende también a cambiar ruta.