¿Cómo una educación
timologica puede reducir los divorcios?
Romeo Lucioni
La pregunta específica no excluye la importancia de una conceptualización más general.
En una relación dual siempre hay no dos pero cuatro puntos de acceso: Yo con Ti; Tú con Mí; Yo con yo mismo y Ti contigo mismo.
Éste significa que en la relación entre Yo y Tú son importantes las conexiones a retroalimentación, pero hace falta tener en consideración todos aquéllas necesidades que constituyen la integración con nosotros mismos, que corresponden a nuestro Si-mismo.
Si Yo digo a una persona: ¡Te quiero! Debería estar seguro que:
§ mis sentimientos hacia el otro, sean realmente afectivos, es decir
repletos de aquel sentido de valor que pongo en el Otro, reconociendo en el las
calidades, las dotes, las características que son: físicas, intelectivas,
culturales, afectivas, etcétera;
§ que me he liberado de mis necesidades, tendencias, imposiciones culturales. Estas no son calidades subjetivas sino trabas, limitaciones y también distorsiones. Un ejemplo puede ayudar a entender mejor.
§ Si baso mis juicios en mis necesidades, conscientes o inconscientes, de dominio, de superioridad o también de verdad, el Otro siempre resultará subordinado a estas solicitudes y, por lo tanto, cotizado sólo por este filtro limitante y restrictivo.
¡A menudo hay personas que se dedican completamente al Otro, pero eso no es puro amor, porque si el Otro no tuviese que satisfacer las expectativas… sería un lindo problema!
Necesidades, deformaciones, idiosincrasias hacen parte de una organización mental que tiene que ser conocida y reconocida para poder amar verdaderamente.
A veces nos preguntamos si una personalidad obsesivo-compulsiva puede querer y la respuesta siempre es una gran duda, por aquella necesidad de verdad que es una idiosincrasia, necesidad, personal que aleja y encierra. Ponerse como depositarios de la verdad, de la justicia, de la capacidad de comprender siempre se convierte en un gran problema.
En nuestra sociedad no ha sido aclarado todavía completamente el efecto desastroso que tiene el empleo de las asillamadas drogas blandas sobre la estructura timica del sujeto.
Sentirse omnipotentes (con 20 euros compro el paraíso), vivir sentimientos de total autosuficiencia, acostumbrarse a ser el único manantial del placet autoerotico, son sentimientos que molestan los cariños, desorganizan el sentido de valor del Otro en un marasma de sentimientos auto-referidos.
Si lográramos organizar nuestros
mecanismos mentales en el orden timologico del valor del Otro, del derecho del
Otro a ser sì-mismo (como tiene que ser también para nosotros) indudablemente
habríamos trabajado para construir una sociedad más justa y para relaciones
interpersonales más válidas y más satisfactorias. Chicos que son crecidos en un ámbito social en el
que el valor de lo Otro es un valor para todos, indudablemente los
descubriríamos más abiertos, más altruistas, más capaces que aceptar y de
construir condivisiones, más fuertes también frente a las necesidades de
ipervalorizar o de minimizar, de someterse o de oprimir, de juzgar o de
sentirse siempre bajo examen.
No se trata, a este punto, de crear sujetos capaces de no divorciar, sino
de organizar modalidades para que sujeto sea sinonímico de respeto, de iguales
oportunidades, de condivisión, de altruidad y, tambien, de capacidades
relacionales afectivas y timologicas.