SUEÑOS: nuevas investigaciones.

 

Romeo Lucioni

 

Claudio Bassetti y Matthias Bischof, estudiosos del sueño de la Universidad de Zurich, han observado que una anciana señora, afectada por ictus, ha perdido la capacidad de soñar (síndroma Charcot-Wilbrand). La lesión que ha provocado este trastorno, sin alterar la aparición de las varias fases del sueño, incluido el REM, ha sido localizada en el giro lingual inferior derecho, pequeña área situada en la parte posterior del cerebro. 

Esta observación resulta importante porque subraya como los centros responsables de las funciones específicas que hacen aparecer el REM son bien diferentes de las que determinan el desarrollo de los sueños. 

Cincuenta años han transcurrido desde que Nathaniel Kleitmann y Eugene Aserinsky han dado inicio a estudios más exactos sobre el sueño, describiendo su expresión más emblemática (el sueño paradójal o REM), pero mucho hay que estudiar, descubrir y entender. 

Los trabajos de Michel Jouvet han llevado a reconocer en el "puente de Varoglio" el centro neurobiológico responsable de la actividad REM. Sucesivamente Allan Hobson y Robert Mc Carley, del Harvard Medical School, describieron la presencia de "células REM on" y otraos "REM off" en las áreas del puente que interaccionan entre ellas y, por esto, hablaron de « modelo de integración recíproca ». 

Además se ha observado que en la fase de sueño no son sólo las células del « puente » a activarse, sino también, enseguida después, las de áreas de la corteza frontal y del sistema limbico. 

De aqui fue formulado un "modelo de síntesis de activación" describiendo los sueños como respuesta casual a estímulos engendrados automáticamente por las células "REM on" y por la acumulación de acetilcolina. En este modelo los autores vieron el sueño como un proceso pasivo y más bien como tentativa del cerebro de dar un "sentido" a impulsos casuales como hace la corteza durante el dia para dar sentido a los input sensoriales y sensitivos. 

Sería como la tentativa desesperada de dar, con las imágenes oníricas, un sentido, aun sólo en parte coherente, a impulsos incoherentes que llegan desde el tronco encefálico. 

En otras palabras, según Hobson y Mc Carley, la corteza frontal, asociando sentimientos y sensaciones ya memorizadas, trata de conciliar, integrar, englobar estímulos sin sentido en un proceso nuevo: el sueño. 

Después de unos cincuenta minutos, el nivel de la acetilcolina de las células "REM on" baja por la entrada en función de las "REM off" que liberan noradrenalina y serotonina (neurotransmisores aminergicos). Este mecanismo lleva a acabar la fase REM del sueño que se repite 2-3 veces por noche, cada noventa minutos. 

Nos encontraríamos frente a ciclos de realimentación bioquímica en áreas del cerebro filogeneticamente muy primitivos que activan áreas limbicas y, sobre todo, áreas de la corteza frontal que son de desarrollo reciente. 

Esta teoría, que se opone a aquella freudiana que ve en el sueño un proceso positivo y activo, ha sido criticada fuertemente aunque los datos neurobiológicos parecen incontrovertibles: si se inyecta acetilcolina en sujetos que están a punto de acostarse, se adelanta considerablemente la aparición del sueño REM. 

 Pérez Lavie, de la Universidad de Tel Aviv, ha estudiado un sujeto en el que una esquirla de granada ha destruido los centros pontinos responsables del sueño REM. Este sujeto, no presentando los signos más tipicos de sueño, refirió la presencia de pesadillas nocturnas y, por esto, se ha empezado a pensar que sueño REM y los sueños sean la respuestas de centros nerviosos diferentes. 

 

Davis Foulkes, de la Universidad del Wyoming, ha puesto en evidencia la presencia de sueños sea en fase REM que en la no-REM. Sueños particularmente ricos fueron evidenciados sea en el primer sueño nocturno que en el matutino. Estos sueños tienen características diferentes: son más breves, más coherentes y más racionales; los REM mucho más fantásticos, emocionales, ricos en detalles y más ricos en sensaciones visuales. 

A esta conclusión ya habia llegado Romeo Lucioni en 1991 cuando describió dos tipos de sueños que llamó: 

- sueños verdaderos: los que se desarrollan durante la fase REM; 

- «ensueñaciones»: las que se desarrollan antes del despertar. 

Estas observaciones clínicas, encontradas en las personas ancianas, llevaron a preconizar la intervención de estructuras neurobiológicas diferentes justo porque los dos tipos de sueño presentan características completamente diferentes y también fue sugerida la importancia de profundizar los estudios sobre este tema para descubrir las caracteristicas funcionales de los dos tipos de actividad onírica. 

 

Mark Solms, de la Universidad de Londres, ha podido seguir 26 casos de personas en los que causas diferentes han perjudicado las áreas pontinas del REM, logrando localizar dos áreas que intervienen en la activación de las experiencias de sueño. 

§         La primera ubicada en la corteza frontal, sobre las cavidades oculares, que participa al asi-llamado sistema dopaminergico mesolimbico que influye en la motivación y promueve un comportamiento orientado hacia un determinado objetivo. Ésto explicaría porque los fármacos que bajan el nivel de dopamina también reducen la actividad onírica y además el aumento de esta en las personas enfermas de parkinson que estimulan las vias dopaminergicas con sustancias como el levodopa. 

§         Una segunda área que interfiere con los sueños se encuentra en la corteza occipito-parietal que es también responsable de la percepción y del pensamiento abstracto, ademàs de la integración de los contenidos de los recuerdos y su memorización. 

 

Estas observaciones confirman las observaciones de R. Lucioni (es decir que sueños («ensueñaciones») pueden presentarse también fuera sueño REM, en el que se organizan los sueños verdaderos) y han dado la posibilidad a Solms de elaborar una teoría propia basada en dos hipótesis. 

a) Los sueños se aniquilan totalmente sólo en el caso de lesiones de las regiones superiores o sea de los lóbulos frontales. 

b) las lesiones posteriores, occipito-parietales, perjudican la calidad del sueño pero no la totalidad de la actividad onírica. 

 

Según esta teoría las imágenes oníricas son activadas en las regiones corticales frontales y sucesivamente organizadas (enriquecidas en forma y expresividad) en las regiones bajas (corteza visiva). Sería un mecanismo completamente diferente de aquel de la vigilia, porque, en este caso, las imágenes construidas en las áreas más bajas (corteza visiva) activan sucesivamente las áreas asociativas (entre estas, las frontales) y asì se enriquecen de engramas mnesicos, emotivos, afectivos y cognitivos. 

Las observaciones de R. Lucioni no se pueden superponer a las de Solms porque subrayan los carácteres específicos de los sueños verdaderos que: 

- no son sostenidos por ningun input sensorial justo porque se activan en el estadio más profundo del sueño, cuando se eleva el nivel umbral y también hay pérdida del tono muscular asì que el cuerpo está completamente inmóvil y relajado, en la imposibilidad de cumplir movimientos; 

- las experiencias no tiene en cuenta de los parámetros del espacio y del tiempo y, por lo tanto, resultan completamente impropias, es decir no definibles en los límites de la conciencia; 

- no padecen reordenaciones atadas a las experiencias, a lo experimentado, a la memoria y tampoco a las dinámicas emotivas y afectivas; 

- el agregarse de imágenes incoherentes (desfasadas en el tiempo y en el espacio ; sin contenidos emotivo-afectivos) rinde las experiencias onírica de los sueños verdaderos no-memorizable, o bien tan inestable de disolverse en un instante aunque el sujeto trate desesperadamente de retenerlas en la memoria. 

 

Estas características no permiten de pensar en mecanismos simples, referibles a un fluir desde arriba (centros frontales de origen) hacia abajo (según Solms, centros visuales de reconocimiento), pero de una actividad onírica que implica, aunque desordenadamente y en forma incongrua, toda la corteza que se encuentra en un estado de "activación" exactamente como en la vigilia. 

De cualquier forma intentemos analizarlo, el sueño verdadero se desvanece en el nada, como si no haya existido nunca, como si las estructuras cerebrales hayan trabajado en vacío, sin dejar una huella mnesica. 

Esta actividad "inconsciente" queda por lo tanto completamente diferente de la referible a las «ensueñaciones» que, por lo tanto, tienen que ser referidas a una estructura subconciente, casi que, al acabar la actividad del sueño verdadero, puedan quedar "moléculas" que tienden a meterce en la organización consciente. 

Con las nuevas observaciones se podría decir que "moléculas de sueño" vagan en el inconsciente tendiendo a emerger con el auxilio de organizaciones funcionales como las parieto-occipitales. Por esto, quizás, las «ensueñaciones» casi adquieren un aspecto de representación fílmica, se enriquecen de una trama, de visiones en tecnicolor que se organizan principalmente en el espacio y en el tiempo. Por ésto pueden ser memorizadas, al menos en parte, y, por lo tanto, emergen a la conciencia como relámpagos de una historia personal que… pueden ser también interpretados según los esquemas bien descritos por Freud en su "Interpretación" de los sueños. 

 

Las observaciones de Hobson resultan de notable importancia porque subrayan como los centros responsables del sueño REM no son también capaces de inducir los sueños (posibilidad de registrar pesadillas después de lesiones pontinas), pero las de Allen Braun (1997), neurocientífico del National Institute of Health de Betesda, abre nuevos horizontes. 

Este Autor, con el empleo de la PET, ha evidenciado como durante la fase REM no hay ni activación de la corteza occipital, ni de aquella frontal. Las áreas activas son las limbicas y de la amígdala, responsables de las funciones emotivas. Por esto debería deducirce que las particulares características de los sueños verdaderos son de adscribirse a esta activación, pero haría falta encontrar una explicación al hecho que se registra una activación global de la corteza que, por evidencias anatómicas, sólo puede ser mediada por las áreas frontales y prefrontales. 

Se registra también una reducción de la actividad del hipocampo que desarrolla un papel importante en la memorización.  

Esto nos dice que no soñamos para recordar, sino para elaborar informaciones inconscientes que, aunque sólo motoras, emergen de manera automática, como demostrado por Pierre Maquet, de la Universidad de Lieja. 

Según Francis Crick y Grame Mitchinson (1983), de la Universidad de Cambridge, nosotros "soñamos para olvidar", pero no podemos aceptar esta tesis, por la que el sueño sería un programa de autodepuraciòn del cerebro, un tipo de eliminación de las cosas que no sirven. 

Esta visión demasiado pragmática e iper-finalistica no explica como el desarrollo filogenetico habría utilizado un sistema tan complejo, costoso e irrenunciable (ver reloj biológico y el modelo de recuperación de sueño REM) por simplemente "… apagar la luz." 

En realidad nos tenemos que preguntar porque el desarrollo filogenetico y la humanización llevan a construir imágenes, procesos no memorizables, conexiones afinalisticas, atemporales y aspaciales si no tuvieran que servir para nada. 

No podemos aceptar la interpretación que hace del sueño un medio para conseguir un "desaprendimiento activo". Quedamos en la idea que la naturaleza, en su inconmensurable sabiduría, ha estructurado un modelo funcional, el sueño, a través del que el hombre puede conformarse a un mundo, a una sociedad, a una complejidad psico-biológica que cada día se hace más difícil, más interconectada y también más caótica. 

En nuestras elaboraciones antropo-sociológicas nos repetimos que el cavernicola no pudiera soportar nunca el impacto de una vida coercitiva y inestable como la nuestra: se volvería loco en pocos días. 

En la misma manera podríamos pensar que el hombre de hoy no pudiera adaptarse a vivir en un mundo intergaláctico y, en todo caso, en un ámbito muy complejo como aquél que deberá indudablemente soportar en el próximo milenio. 

Nuestro estudio sobre el sueño, sobre los sueños verdaderos, sobre las «ensueñaciones» y también sobre las estructuras cerebrales que la naturaleza ha puesto a disposición del hombre nos hace pensar que los sueños, en su ilogicidad y atemporalidad, son la expresión de una función estructurada para un crecimiento infinito. 

Sólo atrevez del sueño ("aquel verdadero porsupuesto”) el hombre puede organizar su mente para nuevas conquistas, para nuevas adaptaciones, para las funciones psico-neuro-mentales de las que no necesita todavía, pero que le serán solicitadas dentro de no muchos años. 

El Super-hombre no está todavía entre nosotros pero nosotros todos somos estructurados como humanos para poder serlo en un camino sin fin, en el que cohetes a propulsión nuclear, ordenadores super-mega-dotados, instrumentos de comunicación intergaláctica serán cosas comunes y más bien simples juguetes en las manos de nuestros bebé-descendientes.