ACTO DE FIN DE AÑO

 

Alessandra Cova

 

¡Por fin es domingo, por fin sabemos que el día sabado no lloverá, por fin sabemos que los caballos estarán todos en forma, por fin sabemos que de nosotros no faltará nadie … el acto de fin de año es hoy y no hace tampoco mucho calor, por suerte! 

La corredera es guapísima, hay plantas y flores, estandartes pintados, muchos variopintos canarios que gorjean en sus jaulitas. Sin embargo también hay aquella sensación al estómago que me ha tirado abajo de la cama antes del tiempo y que me hace llegar con una hora de antelación.  

Mejor no pensar y ponernos al trabajo: entrelazamos las melenas y las colas a los caballos, los nutrimos, los hacemos correr un poco. El tiempo vuela y ya vamos a empezar.  

¿El nudo al estómago se hace estrecho, pero por qué? ¿No es un examen, es una fiesta, nuestra fiesta, tenemos que divertirnos y estar bien juntos todos, ok? ¿Pero entonces por qué estoy tan agitada? Quizás porque hemos puesto tanto empeño y son meses que no pensamos en otras cosas, porque los chicos la han puesto todo, porque los caballos han sido tan generosos … se han acostumbrado hasta a las banderas: ¡nuestros maravillosos animales!  

Si hubiera estado en ellos no sé si me habría dejado convencer a hacerme agitar un ágil y pintado trozo de tejido cerca del morro. Sin embargo también la pequeña Siaria, el más fifona, está desfilando ya en la parada de honor, bonita en su capa negra resplandeciente y en su elegante peinado, y se coge los aplausos sin miedo.  

El hecho es que no hemos podido nunca probar completamente el acto, por lo tanto no tenemos idea de cual será el efecto una vez montado el todo. Los chicos han probado sus partes, en la mayor parte de los casos, separadamente: hay  grupos que no han podido nunca probar junto, tampoco una vez; algunos no se encontraron nunca antes de ahora.  

Ya no hay más el tiempo de pensar en nada: el acto ha empezado, ahora no queda sino vivirlo.  

Los protagonistas, nuestros chicos, son guapísimos. Cuando hemos elegido el atavío que aconsejar no tuve idea que pudiera dar un efecto tan bonito: en camisa blanca, pantalones negros y corbatines hacen un efecto hermoso. Son todos lindos, y los más pequeños parecen hombresitos. Cada uno la coge a su modo: hay quien es algo emocionado, quién no lo es para nada y se acalora jugando con los amigos para engañar la espera, quién literalmente es bloqueado por la agitación.  

También hay mis padres, que no despegan los ojos un segúndo, desde las ventanas que miran hacia la corredera. Antes de ahora pudieron sólo imaginar cual serìa aquel trabajo que me hace tan feliz, y hoy, en cambio, verán con sus ojos. Nada más explicativo que este acto que recoge una gota de cada cosa que hacemos todos los días, puede darles realmente una idea de lo qué son para mí  los chicos con que tengo el privilegio de pasar mis días. 

Y es justo por los chicos, por la espontaneidad con que están viviendo este momento, que me calmo por fin y decido que el único modo es hacerles honor es vivir estos instantes en la misma sincera transparencia de ánimo. 

Entonces sí que las cosas quedan bien: hablo y charlo como con ellos hago todas las veces que nos vemos, incitando, minimizando, sonriendo y conduciendo, aconsejando, jugando… 

Hay momentos que parecen un hechizo. El grupo de los pequeños que hacen las evoluciones al paso son realmente perfectos: logran también mantener la sincronía de los cruces cuando Lady se queda para hacer sus necesidades. Firme  uno, firmes todos. 

¡Verdaderamente profesionales! 

Otro momento que me ha impresionado ha sido la exhibición de los dos Franceschini sobre la silla a pelo. Todavía recuerdo el día cuando alguien tuvo la idea de hacer algún ejercicio de pareja tomando lo broto de la voltereta, estando en dos sobre la grupa. Nos pareció una locura, no teniamos ni caballos ni instrumentos adecuados. Pero, después de muchos experimentos, muchas pruebas y mil risas hemos llegado, casi sin creernos, a un trabajo que, además de su espectacularidad, ha revelado múltiples potencialidades y valencias terapéuticas y que ha entrado, a todo respeto, en las posibilidades de nuestro trabajo futuro. 

La gimkana a caballo es la verdadera innovación de este año: estamos muy entusiastas y orgullosos. Los chicos se divierten, se ponen competitivos, dan lo máximo; los caballos corren y hechizan, más solo por su docilidad, pero también por la agilidad de que dan prueba pasando por pasajes pintados y coreográficos. El cronómetro mide el tiempo y decreta la victoria, a parimerito, de las niñas, aunque, en verdad, es un hombrecito a regalarnos las emociones más fuertes: ¡para recobrar el tiempo perdido por un error de recorrido, espolea su caballo a todas piernas, concluyendo la competición al galope…. sin tenerlo nunca ensayado hasta ahora! 

El grupo de los chicos de la deportava es generalmente la joya que corona el acto, el momento en que la gente se asombra. El hecho es que hoy incluso a mi me han asombrado. Dan todo lo máximo y hacen saltos realmente perfectos. Cuando luego logran poner, al mismo tempo, todos los corceles al galope apenas logro retener el entusiasmo. Miro mi Matteo y veo con hechizo cuánto le gusta lo que está haciendo, cuánto le gusta a si mismo, cuanto le gusta mostrarse mientras galopa en silla a su Camillo. Cuánto es crecido, cuanto camino en un sólo año. 

También el espectáculo de prestidigitadores con los aros, de los chicos del gimnasio supera cada expectativa: es bonito, bonito de mirar, bonito realmente. Visto que no hay caballos en campo… podemos dejarnos ir en un desenfrenado tripudio de estadio: más lanzan alto y más se aplaude, más cruzan los lanzamientos más gritamos. ¡Buenos! ¡Bravos! Y queremos que lo sintáis de la alegría en nuestras voces.  

Ahora también este acto se ha acabado, no sin, lo confeso, dejarme arrimo un poco de añoranza, como hacen todas las cosas bonitas cuando ya son transcurridas. De este acto no tenemos que nada que apuntar entre el  memorándum: cosas de no repetir el año próximo. Nuestros pequeños salen todos con una medalla de pasta de sal al cuello y con un piante canario donado por la asociación de los Ornitólogos: vivo y alado recuerdo de este caliente, luminoso, glorioso domingo de fino mayo. 



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