REFLEXIONES

 

Silvio Locatelli

 

     Marco Aurelio, sabio de los tiempos pasados, un día tuvo a escribir: “Todo aquí abajo es solamente símbolo y sueño”. Los dioses circulan, como los hombres, y no sería bien que fueran eternos. La fe recibida no tiene que ser una cadena. Somos rescatados de ella cuando se enrolla esmeradamente en las sábanas de púrpura dónde duermen los dioses muertos". Palabras sabias de un potente, sabio. 

¿Cuántas preguntas nos ponemos en el curso de nuestra existencia para contestar a los muchos interrogantes que de día en día vienen a atormentarnos creando dudas en el ánimo? Cuántas veces la cultura nos ayuda a salir de las preocupaciones y cuántas veces nos decepciona? Charles de Secondat, barón de Montesquieu solìa decir: « No hay preocupación, no hay angustia de la que un buen libro no me haya salvado ». 

     Oportuna consideración. ¿Pero cuántas veces tenemos también que comprobar las deformaciones que en buena fe la historia nos entrega por boca de los grandes? Los ejemplos podrían ser muchos. Basta con detenerse sobre alguien. Luigi IX, rey de Francia, el santo, en el 1269 impuso a los judíos la señal de la rótula, instituida en el 1215 por el IV Concilio lateranenses  (Papa Innocenzo III), símbolo precursor de la estrella amarilla.   

     Nuestro Francesco Guicciardini observa que "la masa no tiene voluntad ni discernimiento, está en manos de las pasiones, succuba de los demagogos, obedece al más fuerte. La democracia es irrealizable. La única forma de gobierno es la dictadura de uno o pocos. Mejor de pocos." 

     El obispo Jacques Bénigne Bossuet, hombre de doctrina, pensador, gran predicador, al final del 1600 nos regala estas consideraciones. "El trono de los reyes es el trono del propio Dios. La autoridad real es sagrada: Dios nombra a los reyes como sus ministros, y reina a través de ellos sobre los pueblos. Hay que obedecer a los principes por principio religioso y de conciencia… Los principes son como dioses … y, de algúna manera, partícipes de la independencia divina."   

     Antes de él el cardenal Richelieu, por si mismo, sobre todo, pero cuál tributo al derecho del príncipe al absolutismo, proclamó, a favor de Luigi XIII: “La soberanía no es divisible, como no lo es el punto en geometría". ¿O quizás la cosa ya fue proclamada por el Consejero de estado Le Bret?  

     Lo difícil es llegar a la verdad. De todos modos nuestro Bossuet es el gran sostén de Luigi XIV, el Rey Sol, que puede fundar así su poder absoluto basado sobre dogmas como: "El soberano, proclama la ley y huye de la ley" 

     La cultura tiene que ayudarnos a entender que el tiempo tiene, a veces, valores imposibles de transmitir. El credo de los siglos pasados tiene que ser esmeradamente envuelto en sabanas de purpura y guardado como se conservan las momias, testimonios del pasado, que tienen la tarea de desvelarnos relatos ya perdidos y asì considerarnos depositarios de la verdad. También nuestros días serán motivo de estupor por el futuro. 

      La historia nos enseña que el poder se basa casi siempre sobre albedrío, abuso y embeleco.  

      Nuestro tiempo no huye de estas reglas.  A los potente de ayer Michel Eyquem de Montaigne dejó una de su consideraciónes y ella vale asimismo hoy para los potentes y los manerados de hoy y de mañana. Recordémosla: "Tenemos un bonito montar sobre los zancos, también sobre los zancos hace falta caminar con nuestras piernas y también sobre el más alto trono de la tierra estamos sentados solamente sobre nuestro culo."