EN LA RED DEL TIEMPO

 

Silvio Locatelli

 

¿Estamos libres de pensar o nos condicionan el tiempo y la cultura? 

Alguna observación para reflejar. El hombre medioeval es pesimista. Cree que el mal es destinado a difundirse siempre más. Mira al pasado búscando en la sabiduría antigua la enseñanza para ir conformándola con la mentalidad del propio tiempo. 

Los textos antiguos son refundidos a menudo para hacerlos revivir con adherencia al presente. El hombre de la edad media considera errado concebirlos como obras terminadas y enserradas en si mismas. El hombre de la edad media está convencido que las apariencias del mundo sensible son falaces. En realidad en la condición de desconfiar en lo que ve, que tiene delante de los ojos, que puede tocar. Los sentidos no son la mediación de la realidad. El universo sensible, inintelegible, es el reflejo de un universo inteligible. El auténtico poder está en las manos del Creador y la aspiración medioeval es de poder unir el mundo bajo la autoridad de Dios y sus representantes. Es la sola manera para hacer triunfar justicia, amor y paz. 

No hace falta olvidar que por el Edad Media todo es simbólico, también los nombres de las cosas, que no han estado para nada engendradas por el caso. 

En el mundo medioeval, la cultura tiene precedencia sobre todo. Eloísa invita el querido Abelardo, maestro estimado por sus alumnos, a no casarse, porque no podrás ocuparse de la filosofía y de la mujer, de papillas y de pañales". La tarea de los eruditos era la de enseñar. El maestro prefirìa ser pagado por los alumnos antes que por el poder, porque en esta forma se sintia más libre y pudia dedicarse completamente a ellos. 

De su parte la Iglesia pretendia el monopolio de la cultura: escuelas monásticas, abadengos, episcopales y, desde el siglo XIII, universidad. "El destierro del hombre es la ignorancia" sustenia Onorio de Autun, la ciencia es su patria. En el 1229 papa Gregorio IX retaba ásperamente al obispo de París por descuidar la cultura, que no tiene que correr en mil riachuelos destinados a secarse, hace falta encauzarla y controlarla. 

El universo de la Edad Media tiene en cuenta la idea que el mundo únicamente debe su existencia al dibujo trazado por Dios. El Renacimiento ve otro universo, que se crea y se mueve segun sus propias leyes. De aquí el deseo de investigación cada vez más profunda, que contribuirá a crear una roptura con la cultura popular. Los eruditos acabarán con dialogar solamente entre ellos. 

El amor por la cultura colectiva del Edad Media ayuda su ocaso. La rareza del libro, es decir del código, y el analfabetismo engendraron un mundo de oyentes interesados. Por algún tiempo los humanista querrán leer sus obras a los otros, pero la costumbre se aflojará e irá perdiendose, aunque no morirá nunca el deseo de hacerla revivir. 

¿Somos franqueados por el pasado? ¿Podremos creernos completamente libres de las herencias adquiridas? 

 



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