UNA INVESTIGACION SOBRE LA EXISTENCIA DE
PREJUICIOS TEORICOS EN PSICOANALISTAS

 

Doris Hajer

 

Es una de las temáticas con la que más tenemos que luchar en la Docencia en Psicoanálisis, comprobamos permanentemente que de pronto un psicoanalista o psicoterapeuta puede, en el mejor de los casos, actuar correctamente, con su escucha abierta a lo nuevo en la clínica, en tanto en el momento de formular teóricamente lo que ha hecho, oculta, disimula o aplica a ello viejos esquemas que nada tienen que ver con su propia experiencia clínica.

Uno de los graves problemas de la transmisión del psicoanálisis es que cuando se intenta dar una visión crítica, las transferencias institucionales no permiten la escucha a lo nuevo. Es decir, poner a prueba temas como "la castración simbólica" o cómo quiera llamársele, tratar de volver a pensar qué sería hoy el "Complejo de Edipo", a qué se refiere el psicoanálisis con "femineidad" incluso, pese a todos los estudios de género, cuestionar la famosa "función padre" desde nuestra familia actual, son temas que erizan, producen escozor y preferiblemente se intentan acallar. La clínica insiste y desde allí a veces pueden decirse cosas que no se pueden reformular en la teoría.

Cito aquí una frase del agregado que la autora pone al trabajo y es: "No alcanzan las medicaciones ni se pueden cerrar los oídos, la locura insiste en encontrar un interlocutor idóneo que no es otro que el psicoanalista.

En relación con el encuentro entre los analistas y el Hospital, como encuentro posible de dos discursos distintos, subrayé los avatares que siempre ocasionan algunas trasmisiones dogmáticas en el psicoanálisis. Mi crítica apunta a los efectos de la transmisión en ciertos círculos de profesionales psi, y cómo esto aparece en el ámbito hospitalario haciendo síntoma. " De tal modo podemos hablar de una patología en el discurso psicoanalítico y que esta es la de la repetición acrítica de dogmas como lo dice muy bien la autora, que no permiten lo escencial al psicoanálisis, la escucha del paciente. Y vuelvo al tema de la anamnesis y lo hago abarcativo al diagnóstico. Cuando un psicoanalista o psicoterapeuta, para mí aquí no hay tantas diferencias, pese a lo que dice este estudio, claramente influido por los preconceptos de IPA, pese a necesitar ponerse al día para no morir, realiza anamnésis no puede hacer psicoanálisis, porque impone preguntas y con ello respuestas al paciente. Esto está en franca oposición a un psicoanálisis en el que lo que debe predominar es la asociación libre, combinada con una buena atención flotante, lo más libre posible de
teorizacíones.

Si diagnosticamos, y sé que aquí muchos no estaremos de acuerdo, buscando lo que sea, la analizabilidad, la demanda de análisis, fijamos al paciente que a lo largo del trabajo analítico cambia permanentemente, al menos en un buen análisis. De qué nos sirve el diagnóstico: para mí de prejuicio. Sí podemos pensar al escucharlo, sin realizar diagnósticos de ninguna especie: me parece que con este paciente se puede trabajar, creo que con este otro no. Y hasta definir desde allí si lo tomamos, si lo seguimos viendo por un tiempo para tener una impresión más clara, o si decidimos que no podemos, cada uno de nosotros, según su propio entender y no de acuerdo a diagnósticos prefijados, trabajar con es@ pacient@, eso basta.

El diagnóstico de los pacientes de análisis tomó auge nuevamente con la teoría estructuralista, pensamos que esto fue un retroceso, si bien Freud decía no poder analizar pacientes psicóticos, se había avanzado en esa línea un tiempo después a través de varios postfreudianos, el estructuralismo psicoanalítico puso este trabajo en cuestión o lo desconoció.

Postestructuralismo mediante, podemos volver a pensar.

En cuanto al tema de que los psicoterapeutas se manejan con mayor libertad, creo que es una falacia que debe haber tomado en cuenta "psicoterapeutas" muy sumisos a su designación de tales, es decir aquellos que no trabajan con diván, ni con la transferencia, o no hacen a regresiones mayores en los pacientes, en otras palabras quienes sometiéndose trabajan a un nivel más consciente. Esta discriminación en la ansiedad de diferenciar entre analistas (léase miembros de instituciones psicoanalíticas, fondamentalmente IPA) discrimincación desde hace mucho cuestionada de quienes solemos llamarnos psicoanalistas independientes (no sé si es un uruguayismo o abarca a más gentes), quien trabaja desde los pilares del psicoanálisis, asoc. libre, transferencia, at. flotante es psicoanalista, e independientemente de a qué institución pertenezca es bueno o malo según su proceder y no su pertenencia.

He vivido ultimamente en mi consultorio experiencias espeluznantes de pacientes atendidos durante años desde las escuchas a la teoría que inmovilizan toda posibilidad de avance de los pacientes. He visto pacientes paralizados en su vida toda, porque todo lo que relataron en años y años de análisis fue tomado como fantasía insconsciente y nunca han sido escuchados realmente. Creo que esto es una actitud de una falta total de ética, impuesta por instituciones que ahora al peligrar su sobrevivencia deben hacer estadísticas del tipo aquí descritas. Y esto refiere a todos los analistas de las mas variadas procedencias, pero me atrevería a decir que con la famosa Ley del Padre, la tergiversación hasta ese punto es más
frecuente entre quienes estudian (mal) a Lacan. El abuso no se trabaja más que en contadísimas excepciones, la mayoría de los psicoanalistas, o los que se "pueden denominar como tales", actúan como las familias de los chicos abusados, creyéndose fieles a la teoría: "de eso no se habla, es mentira, no se escucha realmente, no se trata, no se dice, y casi diría "los trapitos sucios se lavan en casa", léase éstos trapitos sucios son intrapsíquicos" no traumáticos y a tratar como tales.

Disculpen la extensión del mail, pero es en lo que estoy trabajando dificultosamente con mis docentes en Fac. así que se me disparó por todo lo que al respecto se vive, tanto en la docencia como en el consultorio con los pacientes mal-tratados.

Doris

 

dorishajer@adinet.com.uy

 

 

 

SOBRE PSICOANALISIS Y HOSPITAL

"No cerrar los oídos"

 

Elida Fernández *

 

A raíz de la publicación en esta sección, el 15 de abril pasado, de fragmentos de la charla que di en el Hospital Alvear el 7 de octubre de 2003, me es necesario aclarar que la hipótesis fundamental que sostengo en esa charla es que, más allá de los avatares que hacen al encuentro entre profesionales "psi" y la institución hospitalaria, lo que hace que los psicoanalistas sean convocados al Hospital es la existencia misma de la locura que demanda ser escuchada. No alcanzan las medicaciones ni se pueden cerrar los oídos, la locura insiste en encontrar un interlocutor idóneo que no es otro que el psicoanalista.

En relación con el encuentro entre los analistas y el Hospital, como encuentro posible de dos discursos distintos, subrayé los avatares que siempre ocasionan algunas trasmisiones dogmáticas en el psicoanálisis. Mi crítica apunta a los efectos de la transmisión en ciertos círculos de profesionales psi, y cómo esto aparece en el ámbito hospitalario haciendo síntoma. A eso apuntan los relatos que aparecen en el artículo.

 

* Psicoanalista. Supervisora en el Centro de Salud Mental Nº 3 "Arturo Ameghino" y en los hospitales Borda, Tobar García y Alvear.



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