EL SENO BUENO Y EL SENO MALO
el caso de Giacomo
Giacomo tiene siete años y llega al Centro por la terapia de los trastornos del desarrollo y las síndromas regresivas con un diagnóstico pesado: autismo.
El niño ha sido sometido a una infinidad de análisis clínicos y estudios instrumentales sin que se haya podido evidenciar algo patológico.
Es hijo único y los padres siempre se han afanado porque recibiera atención en centros especializados dónde, por otro, no ha sido iniciada una verdadera terapia si no las más simples actividades de tipo psicomotor.
Los padres se demuestran particularmente ansiosos y en algún momento aparecen señales de angustia y miedo de haberse equivocado y por lo tanto haber perjudicado al pequeño.
Se decide un período de estudio y terapia que también preve una ipoterapia que sera iniciada apenas alcanzados los requisitos previos de coordinación motora, de atención, de tenida y de control de la tensión emotiva.
A la
observación:
el pequeño se demuestra tenso y ansioso, no pronuncia ni una sola palabra, en algunos momentos grita y empieza a llorar aunque acepta las maniobras solicitadas por la terapia relacional.
Durante las primeras sesiones (se realizan con la frecuencia de dos por semana, de la duración de una hora) el niño ha reaccionado de sobra a la presión de las solicitudes operativas con algún grito que ha estimulado la aprensión de la madre y también del padre que se dice particularmente sensible al bienestar del hijo.
La coordinación motora gruesa y, sobre todo, la fina demuestran alguna inseguridad que puede ser atribuida a falta de actividad antes que a déficiencias neuro-musculares.
La tenida es muy escasa, pero el niño reacciona bien a las solicitudes implícitas en una hora de trabajo.
A veces el niño parece atraído por el ejemplo de otros compañeros, pero las problemáticas personales eclipsan los empues a actuar: la misma imagen visa en el espejo azuza crisis de llanto y agitación psico-motora.
La relación con el/la terapeuta no es simple y más bien se demuestra coartado el aproche afectivo y el reconocimiento del otro como sostén, guía e/o representa para imitar.
G. no habla, sólo emite gritos o sonidos indescifrables.
La terapia procede bastante bien, demostrando lentos, pero continuos progresos, tanto que se puede decir que el niño tiene mejoras en el equilibrio, en la fuerza muscular, en la coordinación.
La comprensión es adecuada a la solicitud y G. empieza a reaccionar a las órdenes, asumiendo actitudes adecuadas por cada ejercicio (saltar sobre la alfombra elástica; caminar sobre la barra de equilibrio; cumplir recorridos que implican encaramarse sobre altos cilindros; subir sobre el espalderas hasta a tocar el techo): siempre queda una tensión difusa y una capacidad reactiva que roza la agresión física cuando el niño se siente demasiado prensado.
OBSERVACION DE LA
TERAPISTA
G. viene al AGRES desde poco, sólo alguna sesión, se encuentra en la fase inicial: la observación.
Durante esta fase el niño es valorado para atribuir un nombre a su problema; entonces, para hacer un diagnóstico o eventualmente averiguar si aquel hecho por nosotros coincide on lo que ha sido redactado con anterioridad.
G. como un niño muy cuidado se presenta, siempre limpio, en orden y perfumado; tiene pelo y tez oscuros y ojos castaños circundados por largas pestañas, con los que mira, con expresión algo asustada, el mundo alrededor . Tiene típicos rasgos mediterráneos. G. no habla.
Durante las primeras sesiones al centro, durante los que lo he seguido, me ha parecido un niño muy inseguro, que no toma iniciativas y que tuvo que ser "arrastrado" en las actividades para convertirse en partícipe. A nivel motor se mostró inseguro y debil, en conjunto apareció dúctil y tranquilo.
Pero todavía fue demasiado pronto para hacerse una idea, G. no tiró todavía fuera las "garras".... sólo habría sido cuestión de tiempo.
Martes, llegado puntual a su sesión, ha sido acogido con las habituales efusiones y después lo han entregado a mis atenciones.
He saludado como siempre al niño, poniéndome frente a él y
diciéndole "Hola, como estás... etcétera", G. me ha acogido con un
comportamiento completamente nuevo e inesperado: me ha mirado fijo a los ojos y
literalmente me ha agarrado el seno, con una tal fuerza que me ha dejado
desplazada. Ha repetido más veces durante la sesión este comportamiento, sea
conmigo que con la otra terapeuta que trabajaba con nosotros. G. manifestó esta actitud sea en los momentos en
que se mostró oppositivo hacia algunas actividades, sea en los momentos de
relativa tranquilidad.
Pero el caracter de G. no salió todavía completamente a la vista.
Para valorar su conocimiento de las formas y las dimensiones, hemos jugado con vacitos a encaje. Después de pocos minutos en cuyo tratamos de enseñarle el objetivo del juego, G. lo ha cogido, se ha alejado de nosotros agitándolo para escuchar de ello el ruido. ¡Este movimiento estereotipado pudo continuar horas por él..., pero no por nosotros, teniamos que trabajar! Le he sacado el juego de las manos y lo he descompuesto. He hecho una cosa terrible de su punto de vista. No logrando recomponerlo correctamente, un vaso dentro del otro, ha empezado a llorar y gritar y a tomarnos las manos para ayudarlo a reensamblar el juego. En el ínterin acaba la hora y G. tiene que volver a casa, le saco el juego y trato de ponerle los zapatos; inicia a arañarme violentemente, sea sobre las manos que sobre la cara, no se lo permito y a cada arañazo repondo con una bofetada sobre la mano, inicia entonces a lanzarme todo lo que alcanna con la mano: el pañuelo con que se limpió la nariz, los zapatos.
De a poco se va.
¿Qué decir? ¿Qué
pensar?
El comportamiento agresivo apenas se ha manifestado llegado al gimnasio, sin haber empezado a hacer nada.
A los arañazos ya somos acostumbrados, hemos encontrado una interpretación, conocemos de ello el sentido; pero las pizcas al seno me dejan perpleja. ¿Son una pura casualidad o tienen un sentido preciso?
La teoría de Melanie Klein nos habla de seno bueno y seno malo. Ella teorizó una importancia fundamental de la primera relación del niño con la madre, especialmente con su seno, manantial de comida y calor y "una interiorización del objeto", vale a decir una representación del seno, objeto nota del deseo de lo pequeño, en el propio mundo interior, con características dualísticas y dicotomiche de "seno bueno" y "seno malo". Lo primero es la imagen del seno presente y que satisface las necesidades del pequeño, mientras el segundo de aquel ausente y rejusante que se sustrae a sus deseos. Pues en la potente y primitiva fantasía infantil lo primero se vuelve el prototipo de todo cuanto es bueno y satisfactorio, el según el prototipo de todo lo que ha vivido como persecutorio y odioso, tal como el rechazo y la falta de la satisfacción de la necesidad. En el mismo modo frente a cualquier "objeto" el niño "proyectará" los mismos sentimientos de amore/odio en este, atribuyéndoselos en fin como si éste ellos reflejara en sus comparaciones (Melanie Klein "El psicoanálisis de los niños" 1932).
¿Cómo interpretar entonces el comportamiento del pequeño G.? nos ha vivido, nosotros las terapeutas como perseguidoras y odiosas y nos ha querido atacar?
COMENTARIO
El problema del seno tiene dos aspectos:
a. el seno objeto que adquiere una importancia particular sea por las atribuciones instintivas de órgano de la nutrición del recién nacido, que por aquellas valencias estético-eróticas que reconducen a la memoria los agradables contactos orales y de los estímulos táctiles y médium que han llenado la experiencia y también lo imaginario;
b. el seno es también un objeto psíquico que, ya desde los primeros momentos de la vida, asume extraordinarias valencias de omnipotencia. La omnipotencia del seno se relaciona a la omnipotencia primaria, ilusoria e instintiva, que caracteriza las primeras experiencias psíquicas (Melanina Klein). Tenemos que recordar que un seno omnipotente, unido a un falo igualmente omnipotente, determina la construcción de aquel objeto diadico primitivo que hemos llamado objeto genitorial.
Es este segundo aspecto-construcción del seno que permite la referencia al seno bueno y al seno malo.
La oralidad, implícita en la idea de la leche buena y la mala, se organiza alrededor del concepto de seno omnipotente que fagocita el falo y se convierte en única referencia de la omnipotencia. En el concepto y en la expresión íntima del seno bueno, o, por oposición, del malo, esta implícita una necesidad de hechar afuera la omnipotencia fálica que fluye en el seno omnipotente. En este modo el niño (sujeto) ya no logra enfrentarse con sus objetos interiores, justo porque el seno obstruye todos los espacios y no permite escape, no deja posibilidad de organizar una identificación con el otro (porque falo hechado) ni una sujetivaciòn.
Bajo este punto de vista, el ataque incontrolado al seno en la experiencia con G. debe ser visto cómo un acto simbólico agresivo y rapaz que debería servir a reponer fuerza y omnipotencia en el sujeto.
Este deseo de omnipotencia es demostrado por el juego obsesivo de encajar los vasos y de tomarlos como objeto transicional omnipotente del que no puede apartarse y del que trata de descubrir el secreto contenido escuchando el ruido-susurro interior.
Subrayamos la actitud parecida presentada por otro niño - L. - que tiene la costumbre de oler todo lo que llega a su alcance, casi a querer descubrir lo que el objeto contiene.
Ciertamente la frustración provocada por haber tenido que interrumpir el juego de poseer la omnipotencia puede parecer derivada por una intervención inadecuada, pero hay que considerar tambien la importancia de organizar un principio de realidad y de imponer una ley que sustituye le no-ley que es el predominio del instinto de omnipotencia destructiva.
No me detendría mucho sobre esta situación superficial, para volver en cambio a la problemática del seno omnipotente que es capaz de absorber sobre si la omnipotencia fálica.
Estas observaciones han inducido a predisponer una aclaración sobre los comportamientos intra-familiares.
Se le ha preguntado a los padres sobre una señal incluida en un informe que no fue comentado en el coloquio de presentación: el padre y el niño duermen en sala sobre un sullon.
SE ha aclarado que el padre ha sido alejado, algúnos años antes, de la cama grande porque roncaba y su sitio ha sido ocupado por el niño que ha empezado a no querer abandonar su conquista: prácticamente no ha utilizado nunca su camita, puesta en su cuarto.
Esta observación explica muchas cosas.
Cuando un niñovron toma el sitio del padre en la cama conyugal:
- vive fantasías de omnipotencia destructiva respecto al padre que viene desvalorizado y minimizado aunque siempre reviste sentidos arcaicos de padre peligroso y castrador (como reaccionará al hecho de haber perdido su objeto de amor?);
- la omnipotencia del falo va a confluir con la del seno, engendrando un objeto invencible, ingobernable, que suscita ansiedades y preocupaciones: se pierde aquel balanceo entre seno y falo que permite poder elegir, más bien permite aquella con-vivencia que es liberada de los conflictos y permite la identificación;
- no es permitida aquella castración materna que es el fundamento de la función paterna y, por lo tanto, el niño queda en manos de los deseos de la madre (adquirir el falo del hijo) quese transforma en objeto omnipotente persecutorio;
- con esto se evidencia la imposibilidad del niño de administrar la omnipotencia de la madre y consigue una parálisis que también alcanza aspectos catastróficos. En nuestra experiencia más que veinteñal, hemos podido conocer niños que no caminaron más, aparentando parálisis y disabilità graves; otros que no han desarrollado el camino erguido movendose solo gateando; chicos que han renunciado a su desarrollo mental inhibiendo también sus potencialidades.
El caso de G. nos ha conducido a estas consideraciones y se ha establecido enseguida un régimen de control conductual que los padres han aceptado sin reticencias.
También en la terapia las cosas han cambiado.
La toma de posición decidida y concreta de la limitación de las agresiones (éstas también han sido confirmadas por la madre) no ha influido negativamente en el niño que, más bien, se ha demostrado más seguro justo porque los límites también dan la posibilidad de saber exactamente lo que es permitido y lo que no se puede.
El niño ha percibido cierto cambio porque se ha vuelto más sociable y más tranquilo, ha empezado a trabajar con más empeño, ha demostrado tambien una mejora en el comportamiento oppositivo respecto al psiquiatra varon y un más tierno acercarse al padre.
Los objetivos
para los próximos meses son:
- dejar la cama grande e ir a dormir su camita en su cuarto y, por lo tanto, permitirle al padre de volver a su sitio;
- medir la posibilidad de iniciar un trabajo rehabilitativo de tipo cognitivo;
- estimular la lalación y el trabajo con la boca y la lengua en preparación a las intervenciones logopedicas;
- intensificar el trabajo psicoterapéutico con el cuerpo;
-
acabar la
evaluaciòn con nuestras check-list para poder hacer comparaciones exactas con
lo que será recogido en los próximos meses.
Conclusiones:
El caso de G. demuestra cuan delicato sea el problema del diagnóstico del autismo y, sobre todo, la necesidad de valorar todos los aspectos que pueden determinar cuadros de desorden o retraso del desarrollo psico-mental.
Se puede confirmar que G. no es autístico y la sintomatología presentada tiene que ser referida a desorden del desarrollo psicomentale sobre base reactivo-compulsiva. El futuro dirá cuál sea la verdad, pero mientras tanto creemos de haber encontrado un importante resquicio de luz en la oscuridad de un drama existencial de una entera familia.
Este caso puede ser tomado como ejemplo de la vulnerabilidad de las estructuras psico-mentales y la resiliència, es decir la capacidad de organizar una respuesta psico-conductual para superar, más o menos eficazmente, el trauma y/o el malestar.
Es tan fuerte el prejuicio patológico e/o traumático que generalmente los especialistas asumen pronóstico negativamente exagerados. El cambio positivo está pues en tomar en consideración no solo la sintomatología, sino también los mecanismos mentales que la determinan y, sobre todo, la necesidad ineludible de iniciar lo más pronto posible un tratamiento que se basa sobre los conceptos y la estructura metodológica de la timologìa y la psicoterapia relacional (E.I.T.).
La molestia psíquica, antes de ser curada, tiene que ser escuchada porque cada paciente solicita a un interlocutor idóneo capaz de interpretar el lenguaje particular y personal del sujeto, pero también las situaciones, los comportamientos, las idiosincrasias y, sobre todo, aquéllas señales que a veces parecen poco relevantes, pero que en cambio resultan ser la llave para descubrir el misterio.