Complicidad y encubrimiento.

 

Raquel Barón de Neiburg

Mingo, Paulina, Alberto, Romeo

 

 

En nuestra experiencia institucional, cuando se produce violencia sobre chicos es difícil que alguien de su entorno se anime a denunciarla, por miedo a sufrir represalia o venganza de parte del victimario.

Porque desgraciadamente y en general, en esto está comprometido el núcleo familiar, sobre todo padre-madre, padrastro-madre o madrastra-padre (dependiendo de la configuración). En un vinculo que nosotros consideramos patológico, donde hay niveles de complicidad y encubrimiento entre los responsables sociales del cuidado del niño.

Esta patología habitualmente se va ampliando hacia el resto del grupo familiar; como tíos, primos, parientes políticos. A excepción de los abuelos, que son los que más denuncian; prácticamente los únicos que en la familia no encubren agresiones.

Tenemos que decir, desgraciadamente también, que muchas veces al maltrato infantil que se produce dentro del núcleo familiar se suma el de instituciones, que de manera conciente o inconciente son cómplices de la victimización de los niños. Porque suele ocurrir que si no hay evidencia contundente de lesión, para la Justicia no existió la violencia.

Cuando todos sabemos que existen también el maltrato verbal y el simbólico, y que la única violencia que deja huellas en el cuerpo es la física. Las otras dos destruyen la identidad y la estructura de la persona de una forma mucho más definitiva que los golpes que lastiman la piel.

Sabemos que denunciar estos hechos implica un gran riesgo y un enorme compromiso. Y es comprensible, porque nunca se sabe hasta dónde puede llegar el victimario, y es mucho peor cuando hay complicidad en la familia.

Por ello la Fundación Lapacho procura que la denuncia provenga de alguien de ese hogar, o del maestro o el director de la escuela, porque es la mejor manera de darle un cauce jurídico. Precisamente, en el ámbito escolar se detectan de manera más precoz.

 

Esta nota salió publicada hoy en el diario "El Tribuno" de Salta. La autora es una prestigiosa psicóloga salteña que dirige la Fundación Lapacho, enderezada a esclarecer, orientar y denunciar los casos de maltrato infantil, particularmente en el ámbito institucional. Saludos afectuosos. Mingo.

 

 

 

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Estimada paulina

Hace poco yo proponia distinguir historia de estructura e invite a los colisteros a charlar sobre el tema. Por lo pronto solo vos contestas en esa linea.

Acuerdo contigo en que no puede haber educacion sin que haya por lo pronto un grano de real que haga las veces de trauma. Pero eso no nos exime de tensar las opciones mas propicias para trazar modos de trasmision en lo que se refiere a educar. Hace poco atendi la consulta de un practicante de boxeo amateur que saludaba a su hijo con una trompadita en el pecho o en los hombros a su hijo. Ese era su modo carinioso y "viril" de estar aliado a su hijo y de reconocerlo como varon.

Claro, el tema es que el hijo empezo a tener "ahogos" donde el "pecho se le hunde" y presa del terror despierta por la noche. Historia y estructura. Sin la primera nada sabriamos de la segunda.

Un cordial saludo Alberto

 

 

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Estimados

Este caso, justamente, no nos lleva a diferenciar estructura de historia? Justamente, lo 'muy pequeño'del hecho, no nos indica que no se trata de eso? No se trata de no escuchar, ni de minimizar, sino de escuchar más allá, o más acá si prefieren.

Tampoco podemos convertir esto en consejos para padres o adultos, que debrían entonces inhibirse de cualquier demostración cariñosa, sientiéndose siempre en peligro de producir daños irreparables.

Es que pensamos que podría haber una educación que no contuviera ni un gramo de lo traumático?

Saludos cordiales, Paulina

 

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Estimados amigos,

el caso de Marta Barràgan que confina con lo que he recordado anteriormente (pero hay muchos otros del mismo tipo), confirma fehacientemente como no sea necesario un trauma psico-sexual muy "grande" (violencia) para causar estragos psico-mentales que dejan rastros por muchos años (podrìamos decir decadas).

Vuelvo sobre el tema para dejar un trazo clinico que podrà ser utilizado en informes especialisticos y, espero, para ayudar a sanar nuestrsa desafortunadas señoritas (y señoras).

 

Vamos nuevamente a los hechos.

Se trata de "molestias" muy poco agresivas (a veces tienen un sentido tambén afectivo, cariñoso) si las miramos de un punto de vista "racional" (por eso todos los parientes, amigos o profesionales) casi justifican el "descompromiso" y la "minimisaciòn", pero igualmente el sujeto no puede renunciar a vivirlas en forma catastròfica.

 

Jogelina habla que "… costò mucha angistia" y parecerìa esto el motivo porque no se pueda olvidar un hecho casi banal.

En realidad la experiencia, en estos casos, no es grave por "cantidad", sino por lo que va a estructurar. Un hecho casi insignificante puede "golpear en lo profundo" de una personalidad que no es del todo formada y, por lo tanto, no puede utilizar sistemas adaptivos suficientemente eficaces. La experiencia emotiva ("il vissuto" in italiano) toma un sentido violatorio que desorganiza el psiquismo y se va a colocar en un "nucleo mnesico profundo" (probablemente en la amigdal) que tiene la caractirìstica de non poder ser "metabolizado".

Este "fenomeno" no es extraño en las historias clìnicas y, al contrario, es muy frecuente. Siempre se trata de "aventuras" poco significativas (tentativas de robo; perdida del trabajo; experiencias de burn-out; etc.)que van a provocar no un « luto », sino un sentimiento profundo de perdida de identitad. Esto justifica perfectamente el sentido de "culpa inborrable" que dà sentido a las palabras: ". es como haberlos defraudados" (los padres, los amigos, los conocidos); una sensaciòn de culpa que surge a cada mirada, como si no hubiera màs filtros (la piel psiquica) suficiente para que la mirada ajena no pudiera penetrarnos hasta el alma.

Este "nucleo persecutorio" no se puede hecharlo afuera y empeiza a desarmar
y destructurar la psique y la mente. El sujeto no logra liberarse de algo que taladra el cerebro e invade todas la "areas psiquicas".

 

Cuales son los sintomas.

Al principio se evidencia una rabia muy fuerte por lo que ha pasado; luego surge un « odio » hacia las personas de la casa (sobretodo los padres) que no solo minimizan (algo que « .es muy grave »), sino que hechan la culpa al sujeto que ha subido la "agresiòn", como si esta fuera vista como algo inevitable, hecha por personas que no pueden ser acusadas o que "mis padres no tienen bolas para defenderme".

El odio genera una actitud casi maniacal: el sujeto empieza a sentirse como si fuera omnipotente, en el sentido que ". puede enfrentar solo cualquier aventura". Estas chicas muchas veces van a viajar y/o a vivir en otro pais (parecerìa que buscan un lugar donde no son conocidad), enfrentando situaciones dificiles que no logran superar.

Aqui sucede algo extraño : « vuelven hacia el lugar o con los personas que odian ». El sujeto no puede abandonar a los que lo han traicionado, a veces también le van a pedir perdon.

 

Tratamiento.

Es siempre y solamente de tipo psicologico (los antidepresivos no sirven para nada = resultan una comida envelenada) aunque dificil. Se trata de recomponer el Yo-profundo o las raizes del "Yo-mismo" y, en este trabajo, no sirve buscar una racionalizaciòn porque hay que fortalecer la parte instintiva y afectiva de los procesos psiquicos: la autovalorizaciòn.

En mi actitud terapeutica vuelvo a analizar la historia para descubrir porque se busca huir, porque se busca encontrar una "teta buena", "una comida sana y agradable".

Es dificil sacar el odio porque no se han estructurado procesos identificatorios valido; esto sucede porque, por muchos años, se ha vivido la impresiòn que ". no se puede confiar en nadie; . todos van a traicionarte".

La dificultad en el tratamiento resulta tambèn porque el tarapeuta està investido de identificaciones contradictorias -amor y odio- (como sucede en el borderline) y el vinculo resulta machacado, muy fragil o destruido.

Espero haber dado otra contribuciòn y creo que también otros profesionales podrìan enviar su granito de arena . servirìa para armar un verdadero "muro defensivo". Gracias Romeo