Desarrollo y sociedad.

 

Romeo Lucioni - Barbara Tormen

 

Las tragedias de nuestro tiempo, las catástrofes, pero también las dificultades y la complejidad de afrontar con fatiga en forma cotidiana, no están solo el humus en que se nutre la inhabilidad, pero también la causa que empuja la organización psico-mental del niño a ponerse débil. 

Si examinamos la lista de las calidades negativas de un Yo-debil, podemos reconocer en ella todos los estrangulamientos y/o aberraciones sociales que inducen al niño, todavía no dotado de una organización firme, a no crecer, a cerrarse, a rechazar su desarrollo psíquico y mental. 

Por esto, la inhabilidad se convierte en un modo para hacerse conocer como modelo de respuesta a las distorsiones sociales y/o familiares, como resultado de una psique en desarrollo que tiene que conformarse a las aberraciones que la sociedad y/o la familia, aun involuntariamente, le imponen. 

Para hacer un ejemplo muy simple, pensamos en un niño portoriqueño trasplantado en la famosa “gran manzana”. No logrará hacerse entender, se sentirá inadecuado, descubrirá la vergüenza de ser rechazado por los compañeros que ademàs lo burlan porque no tiene todas las capacidades psicomotoras que ellos han desarrollado por la alimentación rica, por haber absorbido aquel sentido de omnipotencia típica de su cultura. 

Naturalmente los grandes EE.UU. han previsto todo y se ponen en marcha las varias energías del sistema asistencial. Los padres lo llevarán al centro de valoración donde descubrirán un QI muy bajo y, por lo tanto, lo dirigirán a una escuela especial, entre muchos niños desgraciados, insuficientes, incapaces, marginados. 

Nuestro pequeño portoriqueño se sentirá desentonado, no considerado por sus calidades, incapaz de conformarse a un mundo que no es el suyo y aumentará su aislamiento y empeorará el cuadro psicopatológico. 

El resultado será un diagnóstico de autismo y la entrada en un mundo minusválido para minusválido. Será su fin: la pérdida de su sujetivaciòn. 

La eficiencia de un mundo super-tecnológico, que corre y no tiene tiempo de valorizar las diferencias, habrá hecho otra víctima, que conocerá a lo mejor momentos de gloria como Maradonna (con el fùtbol) y Mike Tyson (con el boxeo), pero que inexorablemente caerá en la culpa de no haber sabido ni siquiera explotar las oportunidades que le fueron ofrecidas. 

Si miramos esta historia desde otro punto de vista, veremos que al Maradonna o al Tyson de turno es dado un cuerpo sin mente. El héroe se encuentra con un cuerpo extraordinario, pero falto de la organización psico-afectiva y psico-cognitiva que culturiza, que da al sujeto las calidades que son indispensables para afrontar las dificultades impuestas de la complejidad y de las contradicciones de la cotidianidad. 

Si en cambio queremos ayudar nuestro pequeño portoriqueño y darle la posibilidad de "salvarse", no hay que proponerle una asistencia que ante todo lo mide en términos de QI, pero ofrecerle un ámbito que lo introduca de nuevo en la dimensión social que ha perdido o de que no ha gozado nunca, pero que es indispensable para favorecer el crecimiento, la integración y la armonización psico-afectiva. 

La expresión clínica nos pone casi cotidianamente a contacto con niños y/o adolescentes que no han alcanzado un adecuado desarrollo del sentido de si y pertenencia porque han tenido que seguir los muchos desplazamientos de los padres, por motivos de trabajo, y, por lo tanto, no han podido tener el tiempo de entender, pero, sobre todo, de demostrar el propio valor y de percibir, reconocer y querer el valor de los otros. 

El resultado de estas situaciones siempre es representado por el rechazo a crecer y por las enormes dificultades en la organización del desarrollo psíquico. Las consecuencias son representadas por el malestar crónico que se evidencia en el comportamiento de niños inadaptados, insuficientes, incapaces de estructurar relaciones sociales adecuadas y relaciones interpersonales satisfactorias. 

El descubrimiento que en cada uno de nosotros y en cada situación hay aspectos positivos y negativos, se vuelve, por quien tiene un déficit, un modo de pensar básico para poder empezar a crecer y, por quien se cree completamente normal, un medio para desarrollar una verdadera integración psico-mental. 

Este modelo de pensamiento se convierte en un principio fondamental para dar valor al Otro entendido como depositario de una sabiduría natural y, por lo tanto, capaz de ser guía, ejemplo y posibilidad de auto-desarrollo. 

Esta concepción humanística compromete a todos, pone en la misma altura normalmente hábiles y “diferentemente hábiles”, porque a menudo también quién tiene carencias tiende a valorizar y marginar a los que cree inferiores.  

 

Consideramos que a menudo aquellos niños minusválidos psíquicos que han salido de su túnel, recobrando las funciones emotivas (controlandolas), afectivas (desarrolladas en la relación y en la socialización), cognitivas (como capacidad de aprender), tienen que enfrentarse con los organizadores (psicólogos) educadores, de los centros de recuperación e inserción laboral porque "… no demuestran una voluntad y una propensión al trabajo." 

¿Dónde quedan los fundamentos por los que la armonía de la vida psíquica es el resultado de un esfuerzo de unificación que se desarrolla en nuevos encuentros, nuevas aberturas de la conciencia, nuevos enriquecimientos del ánimo, conciencias nuevas pero útiles para la superación de límites, restricciones y  experiencias? 

El hombre moderno choca con una sociedad violentemente cognitivista, dónde todo tiene que ser racional, que significa sólo adecuado a los prejuicios, fríamente materialista, utilitarista y eficiente. Nos preguntamos, a este punto, que significa preguntar a un minusválido (que se encuentra en el camino de la recuperación) de conformarse, de someterse a los prejuicios, a las imposiciones, mientras nos olvidamos de recobrar aquellos espacios afectivos de los que cada niño o chico o joven ha tenido y tiene necesidad. 

Todos los M. Tyson y los A. Maradonna en potencia, que nos circundan, esperan no una solicitud de "perfección laboral", de inserción supina a los dictámenes de la sociedad de los consumos, pero que les sea ofrecido un lugar libre de restricciones cognitivisticas y capaz de acoger, de hacer crecer, de dar sentido global (emotivo, afectivo y cognitivo) a la vida, llenandola de aquellos valores fundamentales que se resumen en la coparticipación, en la generosidad, en el altruismo, en la disponibilidad y en el amor.