Violencia familiar y desinformación

 

Jorge Garaventa

 

La violencia familiar, y en particular la ejercida sobre la mujer, está lejos de circunscribirse a los sectores caracterizados por bajos niveles socioeconómicos o culturales. Tanto este viejo y arraigado prejuicio como la escasa preparación o disposición de muchos profesionales médicos para acercarse a este problema, sumados a la poca importancia que por lo general le hemos asignado los medios de comunicación al tema, invitan a actuar cuanto antes.

 

Los problemas relacionados con la violencia familiar fueron analizados recientemente entre nosotros por la doctora Dorothy Shaw, una especialista nacida en Inglaterra que reside en Vancouver, Canadá. En septiembre próximo asumirá la titularidad de la Federación Internacional de Ginecólogos y Obstetras (FIGO), con lo cual se convertirá en la primera mujer en hacerse cargo de su presidencia, desde que la entidad fue creada, en 1954.

 

Invitada por el Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam), entre sus actividades en nuestro país ofreció una charla en el último congreso de la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Buenos Aires, en la cual se ocupó de los problemas que constituyen su interés primordial, en particular los que se relacionan con la violencia familiar.

 

La doctora Shaw entiende que muchos de los profesionales de la ginecología y la obstetricia no siempre están suficientemente preparados para atender un problema tan duro y candente como lo es la violencia que se desata, frecuentemente hasta límites increíbles, en el seno de muchas familias. O que asume formas soterradas que imponen, de un modo u otro, una sumisión de la mujer que, por lo menos en el imaginario popular, parecería ser un asunto del pasado.

 

Según la especialista, los profesionales médicos frecuentemente se abstienen de preguntar ciertas cuestiones íntimas no vinculadas directamente con su tarea médica, lo que considera grave, porque cuando la mujer no toma por sí misma la iniciativa de hacer conocer la situación en que vive son pocas las posibilidades que encuentra para salir del problema.

 

En nuestro "liberado" siglo XXI muchas mujeres siguen pensando, según afirma esta especialista, que son lasculpables de las situaciones de agravio o daño físico o moral que frecuentemente padecen.

 

Algo que se conocía desde hace tiempo, pero que los testimonios de esta médica corroboran, es el hecho de que el problema de la violencia ejercida sobre la mujer está muy lejos de hallarse confinado a los sectores sociales de bajo nivel cultural o social o a países y regiones determinados. La doctora Shaw puede referir los testimonios de mujeres profesionales, de su país y de otros lugares del mundo, que son víctimas de sus parejas o de sus maridos. Más llamativo todavía es lo que afirma con respecto a los lazos que las unen con los hombres que las maltratan, pues es frecuente que los sigan amando o que les resulte extremadamente difícil separarse de ellos.

Shaw aconseja contener y aconsejar, sin juzgar, comprendiendo que el momento es de una particular dureza para la mujer, que debe afrontar el problema de alejarse del hombre que la castiga o la desprecia, pero sin sentirse agobiada por encarar ese trance. Los casos que la doctora narra son frecuentemente espeluznantes y obligan a repensar muchos estereotipos que circulan con frecuencia acerca de los cambios que habrían acabado con conductas que son, con toda evidencia, aberrantes.

 

Se impone, por cierto, una tarea de esclarecimiento para hombres y mujeres.

Quienes deben actuar, en primer lugar, como los promotores de estas necesarias campañas, son los profesionales médicos, no siempre preparados o dispuestos para iniciar los primeros acercamientos. Estos contactos obligarán, en muchos casos, a recurrir a sociedades o entidades que puedan orientar estas complejas problemáticas familiares, acompañando a las mujeres en esa empresa.

 

Un papel principal nos corresponde a los medios de comunicación, que poseemos herramientas de muy seguro impacto para llegar a quienes no sempre se deciden a replantear vínculos perversos que las atan a situaciones que son incompatibles con la dignidad humana.