SÍNDROME DE ASPERGER
¿Podría haber tenido
Einstein autismo?
Hace unos días
apareció un estudio en el que se afirmaba que Newton y Einstein podían haber
tenido una forma de autismo leve, el síndrome de Asperger. De igual forma, se rumorea que Bill Gates también tiene
este trastorno. Sin embargo, expertos consultados por 'elmundosalud.com'
advierten que, aunque las personas que padecen esta alteración pueden alcanzar
metas académicas elevadas, su vida queda marcada por las características de este
síndrome, huella que no detectan en estas celebridades.
Simon Baron-Cohen,
experto en autismo, es el autor del estudio en el que se conjetura sobre la
posibilidad de que Newton y Einstein tuvieran este síndrome, a pesar de que
admite que es imposible establecer un diagnóstico definitivo de personas que ya
han muerto. Isaac Newton, autor de la teoría de la gravitación universal, parece
que es un caso clásico ya que se centraba en su trabajo de tal forma que a
veces se olvidaba de comer, contaba con pocos amigos y tenía un temperamento
malo. Albert Einstein, padre de la teoría de la
relatividad, fue un niño solitario que repetía frases obsesivamente hasta que
tuvo siete años. Leía
de una forma muy confusa. A pesar de que tuvo numerosos amigos, se enamoró muchas
veces e incluso trató temas políticos, comportamientos atípicos para el
autismo, algunos expertos piensan que otras de sus características, como la
torpeza física, se correspondían con el diagnóstico propio del síndrome de
Asperger.
Este problema fue descrito por el pediatra austriaco Hans
Asperger en el año 1944 pero se mantuvo en el olvido hasta que la Dra. Lorna
Wing, psiquiatra del Reino Unido, comenzara a investigar sobre él en 1982, a
partir de entonces se considera un trastorno del espectro autista. Hay que
sospechar de la existencia de esta alteración si al niño le cuesta hacer amigos, no quiere ir al colegio, aprende a leer solo, repite frases continuamente o tiene una memoria impresionante, aunque hay muchas más y varían según los casos.
Mercedes Belinchón, doctora en Psicología y profesora de
esta materia en la Universidad Autónoma de
Madrid, explica que «este síndrome es un trastorno del desarrollo que se manifiesta en tres ámbitos del funcionamiento: las
interacciones sociales, la comunicación y el lenguaje y las habilidades o
capacidades de ficción e imaginación». La característica principal de esta
alteración es que durante los tres
primeros años de vida no se produce retraso cognitivo, es más, los niveles de funcionamiento intelectual son
normales o altos.
Esta psicóloga, junto con otros expertos, está llevando a
cabo un estudio, financiado por la Fundación ONCE y denominado 'Diagnóstico,
funcionamiento psicológico y necesidades de las personas con síndrome de
Asperger' porque «en este momento estos sujetos son los grandes desconocidos y los que menos apoyos estructurales están recibiendo». En
su opinión, «no me acaba de encajar la definición clínica de este síndrome con
lo que conozco de Bill
Gates, otra cosa es que tenga un patrón de
comportamiento que se parezca a un trastorno leve del autismo».
«El éxito profesional no depende sólo del nivel de
inteligencia, que suele ser alto en este trastorno, sino de habilidades
que permiten funcionar dentro
de un grupo y de las que carecen
las personas afectadas por este síndrome», explica Mercedes Belinchón y añade
que «ser muy bueno en matemáticas no es lo más importante». Sus dificultades sociales, emocionales
y comunicativas les hace complicado el acceso al trabajo. Estas características
son una barrera
para la integración académica, social y laboral.
No obstante, hay personas con este síndrome que alcanzan
una adaptación social bastante buena, como es el caso de Temple Grandin,
profesora asociada en la Universidad de Ciencia Animal de la Universidad de
Colorado y famosa diseñadora de maquinaria para el ganado. Ella explica que «pienso en imágenes, las palabras son un segundo lenguaje para mí, cuando
alguien me habla inmediatamente traduzco sus frases en imágenes». Algo que,
según su opinión, le ha facilitado su labor profesional.
A pesar de esta impresionante carrera, esta diseñadora no
ha podido deshacerse de las huellas que el síndrome de Asperger ha dejado en su
comportamiento. Su voz
es estridente,
la entonación poco habitual, los gestos de su cara habitualmente no concuerdan con lo que está
hablando y su mirada es rara.
«La mayor parte de la gente con este síndrome encuentra muy
difícil establecer una conversación casual», explica el Dr. Baron-Cohen. «La
patología puede originar que estas personas tengan depresiones o se suiciden
—ya que de adultos son conscientes de su enfermedad—, por este motivo si
podemos encontrar alguna forma de facilitarles
las cosas, sería muy valioso».